Martes 26 de febrero

Hoy antes que amaneciera ha caído un chubasco corto e intenso, de los habituales por estas zonas. El agua caída ha hecho que la luz del amanecer reflejase los colores de tejados, palmeras y arbustos de una manera más intensa. El olor a humedad, el silencio de las primeras y una temperatura perfecta, hacen que te sientas en el paraíso. 

Hemos desayunado y después Jose ha ido a cambiar uno de los coches que hemos alquilado, no iba del todo fino y por estas carreteras no es cuestión de tener imprevistos. 

Una vez arreglado el tema transporte nos hemos ido a conocer el mercado de Samaná. Bullicioso como todo mercado que se precie, pero sobre todo colorista. Los colores, y el contraste de luces y sombras, nos han dado juego a la hora de hacer fotos. 




Por cierto, que saliendo del mercado y camino de los coches, hemos cruzado una avenida un poco a la brava porque aquí el tema semáforos brilla por su ausencia, pero hemos tenido la suerte de tener un agente de tráfico o similar que no ha dudado de tachar a voz en grito de ¡¡Animal, Animal!! a dónde vas ¡¡ Animal!! a un conductor al que le había indicado que detuviera la marcha para que nosostros cruzásemos. En fín, Caribe en estado puro.

Dejamos Samaná y nos vamos hasta Cascada Lulú. Cascada cuando abren la presa, porque de momento tan sólo el lecho por donde transcurre el agua y un puente colgante que hace las delicias e Tofol a la hora de "putear cariñosamente a las féminas". La verdad es que resulta un paraje peculiar con mucha vegetación y "algún rincón" especial que hay quien piensa que sería buen lugar para la meditación o para bailar rueda.




Llegamos   hasta playa El Valle. Estamos practicamente solos. Unas cervezas, una "lucha a brazo partido con las olas", y nos sentamos a comer en el Restaurante la Ballena, chamizo playero al uso, con un peculiar sistema de "bisagras" en la puerta del baño, pero donde disfrutamos de comer pescado fresco. 







De regreso paramos en Samaná para comprar unos souvenirs. Llegamos al hotel,  donde nos damos un chapuzón.


En la noche y después de cenar, vamos  hasta una animación que rememora los años 50. Metidos en fiesta, bailamos una rueda y Triunfamos. Ya sabemos aquello de: "En el país de los ciegos, el tuerto es el rey". 😉😉